Luna le dio un beso largo en la mejilla a su padre y luego lo abrazó con fuerza, con ese abrazo de niña que no mide la intensidad. Todo el salón sonreía entre lágrimas. Laura se inclinó y besó la frente de la niña con ternura.
—Te amo, Lunita —susurró—. Vamos a ser muy felices, mi amor.
Luna giró el rostro y abrazó también a Laura. Allí estaban los tres. No solo los novios. Una familia. Edgar se levantó y Luna entregó las alianzas con cuidado, orgullosa de su misión cumplida.
El juez sonrió, em