Laura se quitó los guantes con cuidado, los dedos ligeramente temblorosos por el esfuerzo. El corazón todavía le latía desbocado, no por el cansancio físico, sino por la descarga emocional. Acababa de salir de una cirugía complicada… de esas en las que no se permite ningún error. El perro había llegado prácticamente muerto.
— Estable… — murmuró, pasándose la mano por la frente húmeda y cerrando los ojos un segundo — vas a estar bien…
Cuando por fin abandonó el quirófano, sus pasos eran más lent