Él soltó una carcajada más fuerte esta vez. Se inclinó y le dio un beso largo y profundo en el cuello, saboreando el gusto de su piel húmeda.
— En serio, rubita… — dijo, todavía riendo — casi no lo resisto cuando la oí hablar. Estuviste perfecta. — Su voz se volvió más suave. — Cada día me dejas más impresionado con la madre en la que te has convertido. Una Felicia… con responsabilidad.
Laura esbozó una sonrisa pequeña, pero cargada de emoción.
— Intento ser para Luna lo que mi madre nunca fue