La mirada pasó por Liam con precisión. Controlada.
—Pero ella me garantizó que habrá las debidas bodas. —continuó— Una celebración digna… acorde con el nombre que lleva.
Una leve inclinación de cabeza.
—Y que yo estaré presente.
La frase llegó como una conclusión. No como un deseo. Como una certeza. Sostuvo la mirada de su nieto por un segundo más.
—Por lo tanto… —añadió, con la misma calma— no pienso morir ahora. Estoy muy bien de salud.
El silencio se instaló. Pero Frederico no permaneció en