Alex lo entendió al instante. Se acercó con rapidez y sujetó a Olivia antes de que ella pudiera lanzarse tras él. Hasta los policías dudaron por un segundo.
— Olivia, por favor… —dijo Alex, firme—. Él tiene que irse.
— ¡Suéltame, Alex! —gritó ella, forcejeando—. ¡Cariño!
Liam giró el rostro. No pudo mirarla de nuevo. Alex la sujetó con más fuerza.
— Vamos a sacarlo de ahí. Confía en mí.
Ella se detuvo. Solo un segundo. Uno solo. Y entonces se soltó con violencia, los ojos inundados de desespera