Laura negó suavemente con la cabeza.
—Yo pensaba que nunca me mirarías como a una mujer… —su voz salió más baja—. Y tú pensabas que yo jamás tendría el valor de admitir que te amaba… por la diferencia de edad… y por ser el hijo del jardinero.
Respiró hondo.
—A mí eso nunca me importó. Siempre lo tuve todo… menos a ti. No quería estatus. No quería un apellido. Solo quería tu amor. —Sostuvo su mirada—. Pero éramos dos orgullosos… fingiendo que no nos queríamos.
Algunos invitados sonrieron.
—Me en