Laura arqueó ligeramente la ceja, divertida.
—¿Ah, sí? —inclinó la cabeza.
Luna sonrió, un poco avergonzada ahora, escondiendo media cara en la almohada.
—Sí…
Laura contuvo la risa, observando cada una de sus reacciones.
—¿Y por qué te regaló flores?
Luna jugueteó con sus dedos, mirando hacia un lado antes de responder.
—Porque dijo que le gusto… —murmuró— y que se va a casar conmigo.
Laura tuvo que reprimir una sonrisa. El corazón se le derritió.
—Mira tú… —dijo, acercándose un poco más— ¿y tú