Laura respiró hondo.
—Tranquilo… vamos a llamar a Alex —respondió, metiendo ya la mano en el bolso para sacar el celular.
Edgar le sujetó el brazo antes de que marcara.
—No.
La palabra salió corta, firme.
Laura lo miró, sorprendida. Edgar se quedó en silencio. Pensativo. De ese tipo de silencio que asustaba.
Respiró hondo. Los ojos fijos en la mansión.
Y cuando habló, su voz salió baja… controlada. Peligrosa.
—Ahora voy a actuar diferente.
Laura sintió un escalofrío.
—Edgar… —murmuró, con el co