—Me cae muy mal esa tal Patricia —dijo Larissa, cruzándose de brazos con el ceño fruncido.
Estaban todas reunidas en el comedor de la escuela y, como solía pasar, el tema de conversación había sido impuesto por Larissa con alguna queja o crítica hacia otra persona.
—¿Pero por qué te cae mal? Es tranquila —preguntó América, aunque Larissa negó con la cabeza con firmeza.
—¿Le dicen ustedes o le digo yo? —interpeló Larissa, mirando a las demás.
—Yo se lo diré, tú no tienes buena manera para hablar