Capítulo: El cuarto nuevo no borra lo vivido
Al llegar a la casa de Nathan, las enormes puertas de hierro se abrieron con agilidad, permitiéndoles el paso. El auto avanzó por el amplio camino hasta detenerse frente a la entrada principal. Nathan ya los esperaba, acompañado por dos hombres que, por su porte y uniforme, parecían ser empleados de la casa, y una mujer con vestimenta de mucama que llevaba bordado un logotipo elegante.
—América —dijo Nathan, esbozando una sonrisa amplia—. Bienvenida