Larissa conducía con el rostro iluminado por una mezcla de alegría e intranquilidad.
—Amiga, me pareció súper lindo, el papá de Jader —comentó, mirando de reojo a América.
Era entendible. Después del recibimiento que les había dado Nathan, cualquiera se habría sentido esperanzado. Incluso América, por un momento, se permitió bajar la guardia, quizá bajar la guardia, podría traerle dolor, pero muy en el fondo quería sentirse así, a como Nathan la hizo sentir.
—No lo sé… —dijo ella, con la mirada