Cuando Isabela regresó a la fiesta, vio que en medio del escenario habían colocado una torre de tarta gigante, más alta que una persona.
Mauro siempre había sido extravagante y a lo grande, y la tarta no era la excepción.
Llevaba un bañador rojo llamativo, luciendo sus abdominales, y se plantaba en medio de la multitud con una sonrisa provocadora en el rostro, de una belleza casi irreal.
—¡Isa! ¡Ven aquí! ¡A este lado!
Isabela quería pasar desapercibida entre la gente, pero Mauro gritó a pleno p