—¿A estas horas? —Alejandro soltó una risa al otro lado del teléfono—. ¿Ya has recibido la sorpresa de Isabela y estás impaciente por presumir?
La pregunta solo aumentó la irritación de Lucas.
—Todavía no. Isabela no ha vuelto.
Hubo un silencio de un par de segundos.
—Bien, pues nos vemos en el bar.
Cuando Lucas tomó la chaqueta, oyó una voz fantasmal a sus espaldas:
—¿A dónde vas tan tarde?
Valeria estaba en la penumbra del pasillo. No se sabía desde cuándo.
Llevaba un camisón blanco, las ojera