Cyrus parpadeó despejando la sorpresa de su mente.
No podía creer que esa era la misma Stella de hace algunas semanas; la que se sonrojaba a la menor insinuación y la que agachaba el rostro, escondiendo su mirada avergonzada de la suya.
Esta chica que estaba frente a él volvía a ser la misma secretaria insolente del principio, a la que no le daba miedo enfrentarlo, ni responderle con una respuesta sarcástica.
Sonrió, pues le pareció una buena señal.
Recordaba que ella le había dicho que