Otros cuantos meses después...
La madrugada estaba en silencio cuando Stella despertó con una sensación distinta, profunda, que no se parecía a nada que hubiera sentido antes. Al principio creyó que era otro de esos malestares habituales del embarazo, pero cuando el dolor regresó, más intenso y rítmico, supo que ya no era una falsa alarma.
Llevó una mano a su vientre y respiró hondo.
—Cyrus… —susurró primero, y luego un poco más fuerte—. Cyrus.
Él se despertó de inmediato, desorientado, incorporándose en la cama al escuchar su voz.
—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? —preguntó, con el corazón acelerándose sin previo aviso.
Stella lo miró, serena a pesar del dolor.
—Creo que ya empezó.
Hubo un segundo de absoluto silencio.
—¿Empezó…? —repitió él, parpadeando.
Otra contracción la obligó a cerrar los ojos y apretar los labios. Cyrus lo entendió en ese instante.
—¿Las contracciones? —preguntó, ya completamente despierto.
Ella asintió despacio.
—Son regulares… y cada vez más fuertes.
—¿Ya va a na