Las semanas posteriores al nacimiento del bebé pasaron envueltas en una luz distinta, como si el mundo hubiera bajado el ritmo solo para permitirles aprender a respirar de nuevo. El departamento de Cyrus ya no era solo un hogar elegante y silencioso, sino un lugar vivo: con horarios desordenados, biberones en la encimera, mantas dobladas a medias y un llanto suave que, lejos de resultar molesto, se había convertido en el sonido más importante de sus vidas.
Stella se movía por la casa con el beb