Algunos meses después...
La luz de la mañana entraba tamizada por las cortinas del consultorio cuando Stella volvió a recostarse en la camilla. Esta vez no había nervios paralizantes como en la primera ecografía, pero sí una expectación distinta, vibrante, casi eléctrica. Tenía una mano apoyada sobre su vientre ya levemente redondeado y la otra aferrada a la de Cyrus, como si aquel gesto se hubiera convertido en un ritual necesario.
Cyrus estaba inclinado hacia adelante, atento a cada movimiento de la doctora, como si no quisiera perderse ni un segundo. Habían pasado varios meses desde aquella primera vez frente a la pantalla, meses en los que su vida había cambiado de una forma silenciosa pero imparable. Ahora todo giraba en torno a ese pequeño ser que aún no conocían del todo.
—¿Listos? —preguntó la doctora con una sonrisa cómplice.
Stella asintió de inmediato, riendo nerviosa.
—Muchísimo.
Cyrus apretó suavemente su mano.
—Desde hace semanas —añadió.
El gel frío volvió a provocar un