Stella despertó antes de que sonara el despertador.
Durante unos segundos se quedó quieta, asimilando todo, confusa, como si la mente se le hubiera borrado. Ni siquiera recordaba dónde estaba y tubo que hacer un esfuerzo para recordarlo.
Era la habitación de invitados de la casa de Louis, amplia, luminosa, con cortinas claras que dejaban pasar una luz suave de la mañana. Entonces lo recordó todo de golpe.
Era el día de su boda.
El corazón le dio un vuelco tan fuerte que tuvo que llevarse