Algunos meses después...
El día anterior a la boda amaneció con un cielo limpio y una luz suave que se colaba entre los edificios de la ciudad anunciando el inicio de la primavera.
Nueva York parecía distinta esa mañana, como si incluso el ruido habitual se hubiera atenuado para darles un respiro. Para Stella, cada sonido, cada detalle, se sentía amplificado por la emoción que llevaba dentro.
El lugar del ensayo era el mismo donde se celebraría la ceremonia al día siguiente: un espacio elegante y luminoso, con grandes ventanales, arreglos florales aún incompletos y un aire expectante que lo impregnaba todo.
Todavía no estaba decorado del todo, pero ya se adivinaba la belleza que tendría cuando estuviera lleno de flores, velas y todas las personas queridas por la feliz pareja.
Stella llegó del brazo de Cyrus, los dedos entrelazados de forma casi inconsciente. No llevaba vestido blanco, sino un vestido sencillo, claro, cómodo, pero aun así se sentía extrañamente nerviosa, como