La puerta de la iglesia se abrió lentamente, y el murmullo de los invitados se transformó en un silencio expectante.
Stella sintió cómo el mundo parecía detenerse en ese instante.
El brazo de Louis era firme bajo su mano enguantada, una presencia sólida que la sostenía sin apretarla, recordándole que no estaba sola. El aire dentro de la iglesia era distinto, cargado de solemnidad y de una emoción casi tangible.
Las flores blancas, rosa empolvado y verde adornaban cada banco, y la luz que