VALENTINA
La penitencia termina cuando el dolor de las rodillas se confunde con el de la conciencia, cuando el silencio deja de ser sagrado y se vuelve simplemente vacío. Me levanto despacio, con el cuerpo adormecido y los nervios tensos bajo la piel, como cuerdas a punto de romperse. Rezar no borra la culpa. Tampoco las mentiras, que a estas alturas ya no son pequeñas omisiones, sino sombras espesas que se han instalado en mí.
—Dios, nuestro Señor, sabrá entender que todo lo hacemos por nuestr