VALENTINA
Mis dedos rozan el picaporte de la puerta principal cuando una sombra se interpone entre yo y la luz.
—Hermana Valentina.
La fría de Madre Benedetta me eriza la piel. Se coloca delante de mí con los brazos cruzados sobre el pecho, bloqueando el camino.
—¿Adónde cree que va, a esta hora y sin permiso?
Inspiro hondo, intentando que mi voz no tiemble. —A visitar a los niños, Madre. Al hospital. Necesitan ver un rostro conocido, necesitan…
—Lo que los niños necesitan es descanso y oracion