Villa Isabella, Montes Sabinos
Veinticinco años después
El jardín estaba en calma.
Elena, ya muy mayor, apenas salía de la biblioteca. Sus manos, antes firmes, ahora temblaban al podar las rosas. Sus ojos, antes vigilantes, ahora se cerraban con frecuencia buscando el descanso. Pero su mente seguía siendo la misma: aguda, despierta, recordando cada detalle de una vida que había sido todo menos tranquila.
Dante la había dejado hacía cinco años. Matteo, su hijo adoptivo, ahora dirigía la villa co