Villa Isabella, Montes Sabinos
Veinte años después
El jardín estaba en plenitud.
Las rosas rojas que Elena había plantado décadas atrás ahora formaban un muro espeso y fragante que bordeaba el camino de entrada. Los cipreses, altos y oscuros, se mecían con el viento como centinelas silenciosos. La villa, testigo de tantas guerras y tantas paces, parecía descansar por fin.
Elena estaba sentada en el banco de piedra, el mismo donde tantas veces había compartido silencios con Dante. Ahora estaba s