La confirmación llegó como llegan siempre las noticias verdaderamente importantes: sin solemnidad, sin testigos, sin margen para el error.
—Ya la tenemos.
La frase fue dicha al pasar, casi como si no significara nada, por un guardia que fingía aburrimiento mientras dejaba una bandeja metálica frente a otra celda. Vincenzo no reaccionó de inmediato. Aprendió hacía años que las emociones visibles eran un lujo peligroso. Pero por dentro, algo se rompió y se reordenó al mismo tiempo.
Anabel estaba