La noche no llegó de golpe a la mansión de Luca; se deslizó lentamente, como si también ella supiera que algo estaba a punto de romperse. Las luces exteriores se encendieron de forma automática, dibujando sombras largas sobre los jardines perfectamente recortados. Desde fuera, todo parecía en calma. Desde dentro, la calma era una ilusión sostenida por costumbre y exceso de confianza.
Francesco no estaba. Ese era el eje de todo.
Negocios. Reuniones. Promesas firmadas lejos de casa.
La fortaleza