Francesco revisaba los informes sin ver realmente las palabras. Las cifras estaban ahí, los contratos también, pero su mente se desviaba una y otra vez hacia el mismo nombre. Anabel. Era una presencia constante, invasiva, como un pensamiento que se niega a obedecer.
No dejaba de preguntarse dónde estaba. Qué hacía. Con quién.
Apretó la mandíbula y cerró el archivo con más fuerza de la necesaria. Le molestaba esa falta de control, esa sensación de estar expuesto sin haberlo elegido. Él, que siem