Leonardo se encontraba en una sala de conferencias elegante y austera, donde los líderes de la mafia francesa discutían planes y estrategias. La atmósfera estaba cargada de tensión y ambición. "La mafia italiana está en un momento vulnerable," dijo uno de los hombres, su voz grave resonando en la sala. "Anabel, la nueva jefa, aún está estableciendo su autoridad. Es el momento perfecto para que tomemos lo que nos pertenece."
Leonardo, sentado al final de la mesa, asintió con una sonrisa astuta.