Al día siguiente bajé a desayunar junto a Rose. Como ya era costumbre, después nos sentamos en la sala. Todo estaba oscuro, y Kael se acomodó a mi lado, colocando su cabeza sobre mi muslo como si entendiera que venía algo importante. Las estrellas comenzaron a brillar en el techo y, como siempre, Rose atrajo una hacia nosotras. De la luz emergió un libro que se abrió en su regazo.
—Hoy aprenderás sobre los vampiros —dijo con solemnidad.
Mis ojos se abrieron de par en par. Escuché con atención