Levante mi rostro y lo estudie Su rostro, afilado como un diamante, parecía cincelado a la medida de la intriga: frente estrecha, pómulos marcados que atrapaban la luz, mandíbula afinada hasta una barbilla de filo elegante. No había suavidad en sus facciones, sino un equilibrio extraño entre seducción y amenaza, como si en su piel se hubieran fundido el encanto y la advertencia.
La mirada era el verdadero centro de su poder: unos ojos que brillaban con intensidad hipnótica, capaces de hacer o