Baldassare
Entra abruptamente el joven y empuja a las chicas. El capi viene detrás, con el rostro surcado en lágrimas, y no se despega de la espalda de su primo. Filipa e Immacolata se acomodan a mi lado, dejándolo procesar la partida de su hermano. El chico guía sus manos temblorosas hacia la cabeza pelona de Taddeo y suelta un gemido de dolor.
—¿Ahora quién me levantará a almohadazos? —se encorva y besa su frente—. ¡Dimeee! —brama, desolado, zarandeando los hombros de Taddeo.
Caruso lo abraza