Toc. Toc. Toc.
El ceño de Anika se frunció inmediatamente. Llevo su mirada hasta el reloj de pared dándose cuenta que era la 1:27AM, lo que la hizo preguntar de quién era a esa hora. Caminó arrastrando sus pies hasta la puerta y al abrirla casi desmaya.
Mikhail estaba allí, vestía un abrigo largo con una expresión indescriptible en sus facciones varoniles.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz temblorosa, pero Mikhail solo dio un paso al frente.
—No abortes —le pidió.
—No es tu decisión —