La vieja fábrica permanecía en silencio bajo la noche moscovita mientras varias camionetas negras permanecían ocultas en los alrededores. Los hombres de Romanov esperaban la orden de entrada en silencio, Damian apagó el cigarrillo contra la suela de su bota militar.
Miró la enorme estructura.
—No me gusta nada esto —murmuró hacia Mikhail quien permanecía apoyado contra la camioneta, revisando distraídamente su pistola.
—¿Qué parte? —interrogó colocándole el seguro.
—Toda —hizo un ges