Alma se encontraba recostada de espalda contra la puerta de la habitación, con los ojos cerrados y la respiración todavía agitada, ya que estar sola la alteraba. La mansión estaba en silencio, pero su mente no. Las imágenes del hospital, las voces, las descargas eléctricas y el rostro de su padre seguían girando sin parar en su cabeza.
Escuchó el leve clic de la puerta al abrirse, Nikolai entró con pasos cuidadosos, intentando no hacer ruido. Caminaba despacio, casi conteniendo la respiración,