—Estoy cansada —murmuró Alma con voz ronca, Nikolai besaba lento su hombro desnudo, trazando un camino húmedo con sus labios.
Las manos del mafioso permanecían firmes en su cintura, manteniéndola pegada a su cuerpo. La habitación olía a sexo, sudor y colonia masculina. Lo prometido fue cumplido, la noche entera tomándola.
Nikolai soltó una risa baja y ronca contra su piel, mordiendo suave el lugar donde el cuello se unía con el hombro.
—Mentira —murmuró—. Todavía puedes más —presionó su er