Dos semanas después, la vida en el hospital seguía su curso con una normalidad que contrastaba fuertemente con el torbellino interno de Alma.
Estaba en medio de una consulta rutinaria con una paciente embarazada de seis meses cuando su teléfono vibró insistentemente dentro del bolsillo de su bata. Miró la pantalla y sintió una mezcla explosiva de alivio y rabia.
Nikolai.
—Disculpe un momento —le dijo a la paciente con una sonrisa tensa antes de salir al pasillo y contestar—. ¿Ahora sí te dignas