Las luces estaban bajas, solo el resplandor azul de la pantalla del televisor iluminaba la sala, Alma estaba acurrucada en un extremo del sofá, con una manta sobre las piernas y una taza de té caliente entre las manos.
Era una de esas noches que ambos necesitaban: sencilla, sin mafiosos o peligros. Solo dos amigos intentando recuperar un pedazo de normalidad.
Alma miró la pantalla sin verla realmente. Llevaba varios minutos callada, mordiéndose el labio inferior, Yuri, que la conocía demasiado