Los labios de Andrei eran firmes y exigentes, y en cuanto Irina correspondió, el mundo exterior desapareció. Sus manos subieron hasta sujetar el rostro de ella, inclinando su cabeza para besarla mejor. Irina soltó un gemido bajito contra su boca, rindiéndose por completo.
Sus dedos se enredaron en la camisa de Andrei, tirando de él hacia adentro, quien empujó la puerta con el pie y entraron al apartamento sin separarse. Apenas cerró la puerta, la presionó contra la pared del pasillo.
El beso s