Hora más tarde tanto Alma como Yuri se encontraban en la entrada principal de la imponente residencia Sokolov. Ella llevaba un vestido negro largo con escote profundo en la espalda, elegante pero atrevido.
Sus acompañantes, Yuri vestía un traje oscuro clásico que le quedaba perfecto, y la doctora Popova lucía un vestido rojo vino ajustado que resaltaba su bronceado reciente de las Galápagos.
—¡Irina! —exclamó Alma con una sonrisa amplia al verla—. ¡Estás espectacular!
—Mira quién habla. Ese neg