Había sido un turno infernal para Alma quien apenas llegaba a su apartamento después de dos cirugías seguidas y apenas tres horas de sueño. Y ahora, además, tenía las palabras de Andrei Romanov en su cabeza.
“Es mejor que no sepas nada de él”
Abrió apenas la puerta, deseando darse una ducha y olvidarse del mundo… o más bien de los Romanov. Dejó el bolso deportivo sobre la barra de la cocina, se quitó los zapatos mientras caminaba a la sala masajeando su nuca.
Se congeló en medio de la sala.