—¿Qué pasó en la reunión privada? —preguntó Alma en voz baja , mirándolo a los ojos.
Seguían en la oficina con la luz tenue de la lámpara, ella sentada a horcajadas en su regazo acariciando su nuca.
Nikolai suspiró:—Es mejor no sepas, muñeca.
Eso hizo que detuviera las caricias para arquear sus cejas lista para montarle una escena.
—No me mires de ese modo, Alma —acarició su barbilla—. En esta ocasión mientras menos sepas del negocio. Más segura estás.
—¿Por qué?
Él suspiró, no quería decirle e