Al día siguiente a las tres de la tarde tocaron la puerta del apartamento, Alma apenas se levantó del sofá. Llevaba casi veinte minutos mirando el teléfono sin realmente leer nada.
Las palabras dichas por Mikhail anoche seguían dando vueltas en su cabeza «Tu eres su mayor obsesión.»
El timbre volvió a sonar, insistente, con un suspiro cansado se puso de pie y caminó hasta la puerta.
—¿Sí? —interrogó al ver un hombre vestido con traje negro quien le extendió una bolsa.
—Entrega para la señorita