—Cinco minutos más —murmuró Nikolai con voz ronca de sueño en el momento que su prometida acarició su barbilla.
—Son las diez —susurró ella, divertida.
—Diez minutos más —soltó esta vez pegándola contra su cuerpo desnudo.
Alma soltó una risa suave y besó su pecho. Finalmente consiguió escapar de sus brazos. Esta vez Nikolai la dejó ir, aunque abrió un ojo para observarla desnuda mientras se levantaba.
(…)
Treinta minutos después, ambos bajaban hacia la terraza exterior. El desayuno ya estaba se