La mañana en el hospital era especialmente ajetreada, pero Alma caminaba por los pasillos con una ligereza que no sentía desde hacía semanas. Una noche bastante movida con Nikolai y sintiendo que ambos estaban en la misma sintonía.
—¡Alma! —gritó una mujer al frente de ella haciéndola levantar la cabeza y enseguida sonrió con genuina alegría.
—¡Irina! —soltó con la misma emoción.
Y prácticamente atravesó el corredor para abrazarla. La doctora Popova soltó una carcajada mientras correspondía el