Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en la cabaña era tan espeso que podía sentirlo en mi pecho. Kian caminaba de un lado a otro, sus manos crispadas en puños, como si contuviera una tormenta interna.
—No puedes hacer esto, Emma. —Su voz era grave, con un matiz de desesperación que rara vez dejaba ver.
—Tengo que intentarlo. &m







