Una feliz y cruda realidad.

Gwendoly durmió toda la mañana y la tarde.

Carmen tuvo que ir a despertarla una hora antes de la partida a la mansión Hoffmann.

Gwen se vistió algo sencillo, un vestido rosa y sandalias bajitas, una cartera tejida y gafas oscuras porque le molestaba el sol, mientras que Oswald se vistió de traje elegante.

Se encontraron en el vestíbulo.

— Ya estoy lista.

— Bien, vamos, ya Héctor nos espera— le dice esquivando la mirada.

Todo parecía estar en orden en la casa de su abuelo cuando llegaron acompañ
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