—Lo siento. No tocaré nada.
—No es eso —replicó él con voz grave—. Es que no deberías estar aquí sola.
Ella se esforzó por mantener la calma, aunque sentía el sudor frío recorrerle la espalda.
—Solo quería ver la casa… es la primera vez que venimos desde que soy adolescente, y hay tantos retratos. No hay ninguno tuyo.
Oswald levantó una ceja, sorprendido por el comentario.
—No me gustan las fotos. Y por alguna razon que desconozco nunca me tomaron fotos de niño.
—Pero todos los demás está