La mansión permanece en silencio, aunque ya la servidumbre estaba en sus faenas, el sol apenas se nota entre las cortinas cuando el sonido del reloj de pared marca las seis en punto. En el despacho, Oswald ya está despierto, con el ceño fruncido y una taza de café bien cargada a medio terminar frente a él. Había pasado la madrugada entera revisando informes… y tratando de no pensar en el día anterior.
En su escritorio reposaba una hoja impresa. Una lista sencilla, pero escrita con una seriedad