Yo la llevo. Asi que no la toques.
El viaje de regreso a la mansión transcurrió entre el ruido del tráfico y las canciones tarareadas por hector mientras conduce. Gwendoly se había quedado dormida a penas el auto arrancó varios minutos después, con la cabeza apoyada en el pecho de Oswald y sus manos pequeñas descansando sobre su brazo.
Oswald se quedó quieto, sin saber bien qué hacer. Cada respiración de ella rozaba su piel como un recordatorio constante de lo cerca que estaban. El vaivén del vehículo hacía que su cuerpo se acur