Provocación.
Gwendoly no podía dormir ni su lobo interior, así que decidió ir a la habitación de su tío, pero no estaba en ella ni en el baño, así que bajó con cuidado las escaleras, sólo pensó que él estaría en su despacho.
El despacho estaba a oscuras, iluminado solo por la lámpara del escritorio. Afuera, la noche era tranquila y el cielo se hallaba cubierto de estrellas, como si el universo quisiera darle un respiro a la tormenta emocional que había vivido esa familia durante la cena.
Oswald Rolle estaba sentado detrás de su escritorio, los codos apoyados sobre los papeles, la cabeza entre las manos. El vaso de whisky frente a él estaba medio vacío y la botella por el fondo. Su semblante, siempre tan imponente y calculador, se veía más cansado que nunca. Desde que habían salido de la mansión del abuelo Aston, el silencio había sido casi sepulcral. Gwen lo notó. Cada kilómetro de regreso fue un silencio incómodo entre la rabia y la resignación.
Parece que luego de salir de su habitación, él s